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Hola queridos amigos, este blog esta hecho para la gente que guste de los cuentos de la selva, con sus misterios, constumbres y mantener el incólume estusiasmo que caracteriza a cada pueblo y cada ciudad, el proposito exclusivo es ilustrar una enseñanza moral, ejemplar y difundir la literatura amazónica, aqui les dejo una recopilacion de los cuentos de mi ciudad y de la mayoria de la selva amazonica.

jueves, 16 de septiembre de 2010

El Pescador y el Pececillo

El Pescador y el Pececillo

Un pescador, después de lanzar al mar su red, sólo cogió un pececillo. Suplicó éste al pescador que le dejara por el momento en gracia de su pequeñez.
- Cuando sea mayor, podrás pescarme de nuevo, y entonces seré para tí de más provecho -, terminó el pececillo.

-¡Hombre-replicó el pescador-, bien tonto sería soltando la presa que tengo en la mano para contar con la insegura presa futura, por grande que sea! -

Moraleja: Más vale pajaro en mano que ciento volando.

La Mona y la Zorra

La Mona y la Zorra

Una monita, descontenta con la diminuta cola que la naturaleza le había otorgado, solicitó a una zorra le diera parte de la suya.

- Amiga zorra -le dijo-, tú tienes demasiado rabo, mientras que yo me siento infeliz con el mío que es pequeño.

La zorra no pudo contener la risa y contestó:

- Aunque tuviera una cola cien veces más grande que la que tengo, y la arrastrara siempre por el lado y entre las espinas, no te cedería ni un centímetro. Confórmate con lo que Dios ha querido concederte.

Moraleja: No es más feliz el que más cosas posee sino el que sabe vivir con lo que tiene.

La Tortuga y el Aguila

La Tortuga y el Aguila
Una tortuga, cansada de arrastrar siempre su concha por la tierra, suplicó al águila la levantase por los aires lo más alto que pudiera.

Así lo hizo la reina de las aves, remontando a la tortuga por encima de las nubes. Al verse a tal altura, la tortuga exclamó:

- ¡Qué envidia me tendrán ahora los animales que por el suelo se mueven, al verme encumbrada entre las nubes!
Al oír esto el águila fue incapaz de soportar tanta vanidad y soltó a la ilusa que, al caer sobre peñascos, se deshizo en mil pedazos.

Moraleja: Nunca mires demasiado alto, que no hay brillantes en el cielo.
 
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